Los problemas de eliminación, es decir, los problemas referidos a la incontinencia urinaria y fecal, son sin duda uno de los principales quebraderos de cabeza para la persona mayor dependiente.
Tanto por la carga de trabajo que conllevan como por las implicaciones psicológicas (tener que limpiar de heces o de orina lleva una relación afectiva negativa importante tanto para el paciente como para la familia) la atención a estas dificultades se ha convertido en una de las tareas de mayor importancia en los cuidados generales del paciente con incapacidad. Se ha de intentar que sea lo más autónomo posible, prestando especial importancia a la higiene y la comodidad.
Antes de establecer cualquier tipo de atención a la eliminación, es importante que valoremos la capacidad de la persona mayor dependiente de llegar al servicio, quitarse la ropa, sentarse en el inodoro, alcanzar y utilizar los utensilios para limpiarse y secarse, tirar de la cadena, volver a vestirse y lavarse las manos.
Todo niño o niña, pasa por una evolución
biológica, psicológica y social y con ella sus diferentes etapas, como son la
primera, segunda y tercera infancia.
En
la segunda infancia que es de cero a cuatro años, estos infantes tienen
diversas formas de comportamiento de acuerdo a la estimulación temprana que
hayan tenido y al tipo en el hogar de donde provienen.
En
base a la última resolución ministerial, los niños comienzan la etapa de
aprendizaje en su periodo inicial; es aquí en donde por el destete de su amor
maternal y paternal de hogar, pueden llegar a sufrir serios trastornos emotivos
que le interrumpen su parte biológica.
Es
aquí donde podría ocurrir en determinados niños, un problema en el descontrol
de los esfínteres que viene a afectar el desarrollo cognitivo y destrezas, no
solamente en forma individual sino grupal.
Cabe
indicar que las estrategias que se usen para estimular al niño son muy
valederas siempre y cuando no sean forzadas, aquí un ejemplo de una canción para
incitar al niño o niña a dejar el pañal.
Lo que se pretende es adquirir hábitos de autonomía personal
relacionadas con el control de esfínteres:
* Conocer el funcionamiento de su propio cuerpo, sus necesidades y la forma de
satisfacerla.
* Adquirir el control para el control de esfínter en el lugar adecuado.
* Conseguir una actuación consciente con relación al acto fisiológico de la
evacuación.
* Aprender a diferenciar las sensaciones de mojado-seco, limpio-sucio, y actuar
de acuerdo con ellas, así como identificarlas y respetar las de los otros.
* Controlar las necesidades básicas relacionadas con el control de esfínteres.
* Diferenciar los momentos y lugares apropiados para las necesidades
fisiológicas de los que no lo son.
Además podemos adicionar contenidos que
sin lugar a dudas van a ser de utilidad como son:
* Descubrimiento del cuerpo como fuente de sensaciones, acciones relaciones y
experiencia.
* Descubrimiento de las propias posibilidades corporales
* Descubrimiento segmentario y global de propio cuerpo
* Descubrimiento de los sentidos como fuente de sensaciones y percepciones
* Identificación y aceptación de características y cualidades personales.
* Reconocimiento de la propia imagen y su representación
* Aceptación del propio cuerpo y de sus posibilidades.
* Conocimiento y diferenciación del propio cuerpo respecto del de los otros.
Sin lugar a dudas el papel de los padres es muy importante y fundamental en
cuanto a el apoyo que los niños y niñas necesitan para poder controlar sus
esfínteres, por tanto a continuación se indican algunas pautas a tomar en
cuenta.
• Póngase de acuerdo con todas las personas que tienen que ver con el cuidado
del niño (padres, cuidadores, abuelos, niñeras, empleadas,) para que todos
transmitan el mismo mensaje y, así, el manejo sea coherente.
• Explíquele a su hijo, en forma sencilla, el proceso que va a iniciar y
motívelo a conseguir ese logro.
• Muéstrele las ventajas de dar ese paso, de crecer, de ser independiente. • Mantenga la calma en los momentos de crisis, no haga del ‘accidente’ un drama
o un fracaso. Haga una reflexión tranquila y motívelo para avisar la próxima
vez.
• Recuerde que es mucho más importante hacer énfasis en los logros, que en los
fracasos. Frases como “No pasa nada, recuerda que ayer lo hiciste muy bien y en
la próxima me avisas para que no nos pase” pueden ayudar a pasar rápido el
accidente, sin generar mucha ansiedad.
• Tenga en cuenta que si los fracasos son muchos más que los éxitos, puede
volver al pañal y retomar el proceso cuando los signos de que está listo se
cumplan.
• No comience el entrenamiento sino hasta que el niño esté listo y manifieste
el deseo de ir al baño por incomodidad.
• Enséñele lo que es ‘popó, pipí, estar mojado, limpio o sucio.
• Compre una silla de ir al baño, de tal modo que pueda poner los pies en el
piso. Esto le ayuda a mover sus esfínteres por presión, a pujar y a tener
seguridad. Hágalo participar en la compra y téngala en la habitación de juegos.
• Al sentarlo, puede hacerlo después de comer en la mañana, distráigalo con
libros y juegos durante 5 minutos.
• Cada vez que avisa y controla, recompense al niño con objetos y caricias.
• Vístalo con pantalones de entrenamiento y acostúmbrelo a estar con otros
niños que ya controlan.
Una vez manejado como un buen hábito todas estas circunstancias podemos
indicar que el niño va a desenvolverse en forma normal las necesidades
fisiológicas. Cabe también resaltar como muy fundamental las capacidades de
imitación, el lenguaje, y la motricidad que permita entender claramente las
buenas orientaciones de sus padres y lograr el desplazamiento de tomarle como
una situación normal.
Es aquí donde surge la
interrogante ¿Cuándo están preparados los niños para controlar los esfínteres?
la Psicóloga VALLET (2007) autora del libro Educar a niños de cero a seis años,
indica en la siguiente cita: “El control de los esfínteres supone un
determinado grado de madurez, física y psicológica en el desarrollo de los
niños. Nuestra actitud puede favorecer o dificulta su proceso madurativo.
Nuestra función es interpretar la madurez del niño y ayudarle a realizar las
actividades de autonomía para las que está preparado. En el caso del control de
los esfínteres de la orina, en primer lugar el niño necesita la sensación
desagradable de estar mojado, por lo tanto necesita no llevar pañales”.
En consecuencia atendiendo a la
cita de la psicóloga, los niños llegan a tener un control de esfínteres cuando
su grado de madurez nos indica que ya dominan normalmente sus necesidades
biológicas sin que intervengan sus padres o quienes estén a cargo de sus
cuidados.
De ocurrir lo contrario, estaríamos
hablando de un problema muy fuerte que tiene que ser analizado con
especialistas en el ámbito biológico, psicológico y social para determinar las
causas ya que esto viene a afectar en el desenvolvimiento de los niños tanto en
su entorno familiar como en el ámbito educativo.
Es importante resaltar algunos signos que se deben tener en cuenta para
iniciar el proceso, ya que lo ideal es tratar de buscar el momento en el que
realmente lo esté, para evitar frustración en los padres y el niño. “No es
necesario que el niño cumpla todos los criterios para empezar, pero sí que
muestre signos de entender de independencia y de saber de qué se trata el
proceso, para que lo haga más fácilmente”, dice la médica Uscher.
Las habilidades que sirven para
definir si está listo son las siguientes:
• Moja menos seguido los pañales: tiene periodos de pañal seco por tres o
cuatro horas y orina una cantidad significativa de una sola vez.
• Tiene deposiciones bien formadas y se puede predecir el momento de la
deposición.
• Puede caminar solo con estabilidad, inclusive correr.
• Se sube y se baja solito los pantalones.
• Puede sentarse en un solo sitio por varios minutos.
• Tiene interés en imitar el comportamiento del adulto y le gustaría
intentarlo.
• Le molesta sentirse mojado o sucio con la deposición.
• Muestra interés en ser más independiente y satisfacción con los logros.
• Da señales verbales o no, de tener la necesidad de ir al baño.
• No muestra resistencia para entrar al baño.
• Sigue órdenes sencillas.
• Entiende la importancia de poner las cosas donde deben estar.
• Sabe decir palabras que signifiquen popó o pipí.
• Quiere quitarse el pañal.
Una vez manejado como un buen hábito todas estas circunstancias podemos
indicar que el niño va a desenvolverse en forma normal las necesidades
fisiológicas. Cabe también resaltar como muy fundamental las capacidades de
imitación, el lenguaje, y la motricidad que permita entender claramente las
buenas orientaciones de sus padres y lograr el desplazamiento de tomarle como
una situación normal.
Es aquí donde surge la
interrogante ¿Cuándo están preparados los niños para controlar los esfínteres?
la Psicóloga VALLET (2007) autora del libro Educar a niños de cero a seis años,
indica en la siguiente cita: “El control de los esfínteres supone un
determinado grado de madurez, física y psicológica en el desarrollo de los
niños. Nuestra actitud puede favorecer o dificulta su proceso madurativo.
Nuestra función es interpretar la madurez del niño y ayudarle a realizar las
actividades de autonomía para las que está preparado. En el caso del control de
los esfínteres de la orina, en primer lugar el niño necesita la sensación
desagradable de estar mojado, por lo tanto necesita no llevar pañales”.
En consecuencia atendiendo a la
cita de la psicóloga, los niños llegan a tener un control de esfínteres cuando
su grado de madurez nos indica que ya dominan normalmente sus necesidades
biológicas sin que intervengan sus padres o quienes estén a cargo de sus
cuidados.
De ocurrir lo contrario, estaríamos
hablando de un problema muy fuerte que tiene que ser analizado con
especialistas en el ámbito biológico, psicológico y social para determinar las
causas ya que esto viene a afectar en el desenvolvimiento de los niños tanto en
su entorno familiar como en el ámbito educativo.
Es importante resaltar algunos signos que se deben tener en cuenta para
iniciar el proceso, ya que lo ideal es tratar de buscar el momento en el que
realmente lo esté, para evitar frustración en los padres y el niño. “No es
necesario que el niño cumpla todos los criterios para empezar, pero sí que
muestre signos de entender de independencia y de saber de qué se trata el
proceso, para que lo haga más fácilmente”, dice la médica Uscher.
Las habilidades que sirven para
definir si está listo son las siguientes:
• Moja menos seguido los pañales: tiene periodos de pañal seco por tres o
cuatro horas y orina una cantidad significativa de una sola vez.
• Tiene deposiciones bien formadas y se puede predecir el momento de la
deposición.
• Puede caminar solo con estabilidad, inclusive correr.
• Se sube y se baja solito los pantalones.
• Puede sentarse en un solo sitio por varios minutos.
• Tiene interés en imitar el comportamiento del adulto y le gustaría
intentarlo.
• Le molesta sentirse mojado o sucio con la deposición.
• Muestra interés en ser más independiente y satisfacción con los logros.
• Da señales verbales o no, de tener la necesidad de ir al baño.
• No muestra resistencia para entrar al baño.
• Sigue órdenes sencillas.
• Entiende la importancia de poner las cosas donde deben estar.
• Sabe decir palabras que signifiquen popó o pipí.
• Quiere quitarse el pañal.
El control nocturno merece un capítulo aparte.
Aunque un niño controle esfínteres durante el día, pueden pasar aún muchos
meses más hasta poder hacerlo por la noche. Usualmente se dice que luego de
varias noches con el pañal seco, el bebé está listo para dormir sin él.
Aquí un video explicativo.
A la hora de pensar en esto, es importante tener en
cuenta que:
El
niño debe estar de acuerdo y saber exactamente qué está ocurriendo, qué se
espera de él ("como hace varias noches que no mojas el pañal, ¿te
gustaría probar dormir sin él? Te pondré un plástico debajo de la sábana
para que no te preocupes si te haces pis, y probaremos. Si no quieres,
probamos más adelante")
Como
todo proceso, el control de esfínteres no es algo lineal, sino que habrá
muchos avances y retrocesos. Esto es parte de lo esperable, y lo más
importante es que nuestros hijos sepan que los acompañamos en este proceso
y lo esperaremos todo lo que haga falta.
En
cualquier orden de la vida, el reforzamiento positivo es beneficioso
("qué bien lo hiciste, estoy orgullosa de ti", "casi
llegamos al baño esta vez, la próxima será mejor aún"). Bajo ningún
concepto es aceptable que retemos al niño, que lo humillemos, que lo
ridiculicemos o comparemos con otros amigos o hermanos que ya han logrado
el control de esfínteres. Recordemos que no hay nada que él pueda hacer
para controlar. No depende de que se acuerde, de que esté atento, ni de
nada de eso. Se debe estar maduro para eso, y humillarlos o
pretender acelerar el proceso es tan ridículo e infructuoso como gritarle
a una oruga pretendiendo que se convierta en mariposa.
Por
esto, para conseguir un buen control de esfínteres, primero tenemos que saber
si el niño ya está preparado, y para ello realizaremos una pequeña
“investigación” y averiguaremos qué está pasando. En nuestra búsqueda de
información tenemos que contestar a varias preguntas:
¿A
qué hora se hace pis?
¿Se
despierta cuando se hace pis?
¿Cuántas
horas aguanta sin mojarse de día?
¿Cuántas
horas aguanta sin mojarse cuando duerme?
¿Puede
seguir durmiendo si le despertamos a mitad del sueño?
Vamos a iniciar los primeros pasos para intentar responder a estas preguntas
sin que nos veamos inmersos en una tarea de científicos.
Como punto de partida vamos a establecer unas condiciones mejores de éxito:
1.
Intentar averiguar la frecuencia de micción diurna y registrarla en un
cuadro.
2. Disminuir el líquido que beba dos o tres horas antes de acostarse.
3. Antes de irse a la cama, llevar al niño a hacer pis y animarle a que siga
haciendo cuando piensa que ha terminado.
4. Levantarlo a las dos horas y llevarlo al baño a hacer pis.
5. Apuntar a qué hora se levanta y si está seco o mojado.
SUJERENCIAS PARA EL CONTROL ESFÍNTERES NOCTURNO
Podemos
empezar por controlar la situación antes de ir a la cama, intentaremos
que no beba líquidos una hora antes de acostarse y que haga pis antes de
meterse en la cama.
Se
le puede acostar con o sin pañal, pero debemos comprobar, antes de
ponerle a hacer pis, si está seco o mojado y la cantidad de pis que hace
cuando va al baño.
Si
nos acostamos al menos dos horas más tarde que él podemos volverle a
poner, si no, hay que buscar una hora en mitad de la noche para
levantarlo.
Intentaremos
despertarnos antes de que se despierte y le llevaremos al baño inmediatamente.
Si
con dos intervalos se levanta mojado habría que introducir un intervalo
más.
Hay
que encontrar los intervalos en los que esté seco e ir avanzando hacia
periodos más largos.
Mantendremos
un mismo horario durante tres días consecutivos siempre que esté seco.
En
el momento que se levante mojado hay que volver al paso anterior y
mantenerlo tres días más.
Es
importante registrar todo lo que ocurre para tener la referencia de los
cambios que se producen en un periodo largo de tiempo.
TENEMOS DOS OPCIONES:
A- Progresivamente, partiendo de un periodo seco, le iremos poniendo
cada vez un poco más tarde en intervalos de ½ hora.
B- Le ponemos cada vez antes por la mañana en intervalos de ½ hora.
Ejemplo A
21,00 h. hace pis (se va a la cama)
24,00 h. seco – hace/no hace pis
6,00 h. seco - hace pis
Tres días mas tarde...
21,00 h. hace pis (se va a la cama)
00,30 h. seco – hace/no hace pis
6,00 h. seco - hace pis
Tres días más tarde...
21,00 h.
1,00 h. seco – hace/no hace pis
MODO DE REGISTRO.-
Hay una fila para cada día y cuatro periodos posibles (que no es necesario
cubrirlos todos)
Es recomendable utilizar un lápiz de dos colores (rojo y azul) para ver la
progresión de un vistazo.
Cuando esté mojado se rellena la casilla en rojo y cuando esté seco en azul,
si solo se ha mojado levemente, sin llegar a hacerse pis, se rellena media
casilla.
Si hace pis cuando va al baño se pone SI, y si no, no se pone nada.